jueves, 19 de junio de 2008

Una vida que espero que pronto vuelva a la normalidad...

Suena el despertador. Te has acostumbrado a él y ya no lo odias, simplemente te limitas a apagarlo y a darte media vuelta consciente de que la ducha te espera y que lo que no hiciste anoche sigue en su sitio. Ya no hay una voz que te grita mientras te prepara el desayuno y hueles a café recién hecho: "Jesiiiiiiittttaaaaa, vas a llegar tarde a clase!!! Venga, cariño, date prisa que te cuesta!" Ahora saltas de la cama. No bajaste las persianas la noche anterior para que el sol te ayudara a despejarte. Esa no es tu habitación pero ella se empeña en que duermas allí y cierres el pestillo. La cama es más ancha, la habitación es más grande, más fría y cuenta con un baño que ya has hecho tuyo. Enciences el calentador mientras que sacas la leche de la nevera, la metes en el microondas con tu taza y te vas a la ducha. Los ojos todavía luchan por despegarse y, como puedes, te desnudas con el frío en el cuerpo. El agua caliente tarda un poco y maldices por lo bajito que el otro baño se haya estropeado. Puede que ya estemos en verano, pero las mañanas siguen siendo frías y no perdonas el agua caliente. Comienzan las prisas: el cola-cao que todavía quema, sécate el pelo, haz el almuerzo (si es que ayer te acordaste de comprar pan), lávate los dientes, coge la mochila y corre hacie el cole. Allí empieza tu refugio. Has aprendido a valorar mucho más a esas cuatro paredes, a esas 19 personas que andan contigo y a los profesores que desde que se enteraron se han desvivido por hacerte las cosas más agradables, a veces, demasiado. Durante 1 año y medio fuiste la chica de siempre. Intentaste llevar todo con la mejor de tus sonrisas, con la participación y el entusiasmo de siempre. Intentaste ser la alumna "perfecta" que siempre habían visto en tí, aunque bajaste tu rendimiento y con ello, tus notas temblaron desde su brillantez, hacia algún punto de menos. Pero en ese tiempo te refugiabas de la tormenta porque sabías que sólo conocían la situación tus amigos, y de ellos, un par eran las que lo sabían todo (o casi). Supones que por eso, cuando todo empeoró y te viste más frágil que nunca, estar allí donde nadie te preguntaba ni te compadecía, te reconfortada. Y por eso cuando la noticia se corrió entre los profesores a causa de un momento de debilidad y confianza en uno de ellos, te sentiste vencida por la situación. Notaste enseguida la compasión, las miradas de pena, las palmaditas en la espalda que siempre quisiste evitar, algún abrazo, alguna excusa y algún consejo tonto que no querías escuchar. Te sentiste por unos días la persona señalada, esa de la que todo el mundo pensaba que era muy fuerte. Intentabas no derrumbarte cuando te preguntaban por él y por su salud y desempolvabas alguna de tus contestaciones típicas: "ahí vamos, a ver si pronto le dan el alta.... Está bien, dentro de lo que cabe, mejor...." Pero tus padres siempre dicen que te debes de sentir orgullosa porque no todo el mundo encuentra en su colegio a personas que le quieren tanto y que se preocupan por tu situación más allá de las notas. En el fondo, sabes que tienen razón y te sientes afortunada. Tu refugio tambalea, pero sigue siendo tu refugio, donde puedes coger aire antes de zambullirte de nuevo.
Pasas allí las horas entre clases, entre risas, apuntes, algún abrazo... Luego, rehaces el camino de vuelta y llegas. No hay nadie que te responda a un : "ya estoy en casa". No está él con la tele encendida, esperando a que le des el correo o la propaganda, esperando que le preguntes qué tal o si necesita que le acerques algún medicamento. No viene ella para que le des un beso (o te muerda porque dice que tienes unas mejillas que dan ganas de morder). No hay nadie que te pregunte qué tal el día y que sepas que te escucha, que le guste que le cuentes tonterías sobre si tengo tal examen, ha sacado tal nota, éste se ha caído o me han dicho que... No huele a comida recién hecha. Dejas los trastos y vas a la nevera. No sabes que hacer de comer. Tampoco es que tengas un gran repertorio culinario y los congelados que hiciste ayer te sentaron mal. Quizás hoy optes por una pizza. Debe de hacer como 3 días que no comes pizza, no? Mientras, fregas los cacharros que se han ido acumulando. Te sientes satisfecha por ver todo limpio y perfecto. La paliza de ayer tuvo algún efecto y hoy, a la luz del día, se nota más tu esfuerzo con el trapo y el mocho. Comes y sin querer, te acabas durmiendo en el sofá. Te acuestas tarde todos los días entre unas cosas y otras y el cansancio te pasa factura aunque no quieras. Te suele despertar la melodía de tu móvil. Suele ser ella. Te llama y habláis unos minutos, como si eso fuera suficiente. La conversación siempre sigue los mismos patrones: te pregunta qué tal el día, qué planes tienes para hoy, deja que le cuentes alguna tontería (los primeros días le contabas más, pero ahora sólo le cuentas alguna cosa que te hace ilusión), te pide-recuerda algún favor que quiere que hagas; tú le preguntas qué tal está, cómo está él, que le han dicho los médicos y cuándo volverán. Ella te contesta con dulzura y rapidez, te dice que sigas con tu vida y con tus planes, que salgas más. Te dice que te quiere y por último, siempre te repite que no le hace gracia que estés sola, pero que ya que es así que cierres la puerta con llave y con todos los pestillos, que no le abras a nadie y que por favor, tengas mucho cuidado. Tú la llamas pesada, le contestas que también la quieres que le de muchos besos a él. A veces se le oye a él por detrás tan gruñón como siempre. Te sorprendes sonriendo, echando de menos su pesimismo, pensando que ni aún postrado en una cama ha perdido su mala leche. Cuelgas y vuelves a sentirte sola. Comienzas tus quéhaceres diarios de clase mientras piensas en lo poco que te queda en tu refugio. Cuando a penas te has dado cuenta, debes de poner una lavadora, recogerla o hacer la cena. Te sientes muy cansada cuando comienza a anochecer y , con la luz encencida para no dormirte, te pones a ver la tele y enciendes el vídeo para grabar la serie de turno: en el hospital la tele sólo está hasta las 12. Cuando termina o el cansancio te vence, bajas las persianas del comedor, apagas bien todo y te marchas a la cama de la habitación grande sin nadie que te haya deseado "Bona nit, pequeña!" Desde allí comienzas a repasar a ver si has cerrado la puerta con llave, has apagado bien el gas, has hecho las tareas del día siguiente; a ver si has puesto el despertador, si has... y poco a poco el sueño te ha vencido y tu mente anda cabalgando por el mundo de los sueños. Unas horas después, el despetador volverá a sonar y la rutina comenzará de nuevo. Otra vez la ducha, la taza demasiado caliente, la mochila... otra vez se repiten las mismas acciones que llevas un mes haciendo. Los silencios siguen pesando. Te has ido acostumbrando a la soledad que te has impuesto.
Podrías estar con algún familiar pero la independencia siempre fue tu plato preferido y has decidido quedarte en tu casa, seguir tus horarios, atender el teléfono.... sentirte a gusto entre tus paredes. Tus amigos a veces no entienden que decidas quedarte en casa para poner una lavadora, que tengas que hacer la cena... a veces bromean diciendo que en este mes te has empezado a parecer a sus madres. A veces te da mucha rabia porque sabes que ellos no te entienden, que te recriminan el que hayaas cambiado. Te jode que ellos no entiendan que hayas cambiado, que sin pretenderlo, hayas madurado. Te ha tocado crecer de golpe, ponerte el mundo por sombrero y hacerte cargo de algo que no te corresponde. Todavía eres una niña, joder. La gente te dice que eres fuerte, pero tú sabes que simplemente estás viviendo la vida que te ha tocado, te estás enfrentando a los obstáculos que se ta van planteando. A veces es tal la presión que sientes sobre tus hombros que te acabas sintiendo vencida y lloras hasta que no puedes más, hasta que tus ojos se secan. A veces acudes al refugio que tienes en tu refugio y allí lloras sabiendo que hay alguien delante. Te reconforta su experiencia, agradeces sus palabras y sientes un infinito cariño y agradecimiento cuando ves que también se emociona aunque se contiene contigo y con tu historia. Te dice lo que ve en realidad, te da consejos y te dice cosas que quizás otro "amigo" no se ha atrevido a decirte. Lo echarás de menos dentro de unos días, cuando te despidas hasta que vuestros caminos os vuelvan a unir.

Deseas con todas tus fuerzas que todo vuelva a la normalidad, que dentro de muy poco la casa se vuelva a llenar y que te dejes de sentir sola. En cierta manera te de miedo porque sabes que de alguna forma, cada día que pasa es uno menos en una cruel cuenta atrás que lo irá apagando hasta que ese cruel y feo mounstro se le lleve para siempre de tu lado y tan sólo te deje recuerdos.

Tu vida, ni más ni menos.


Dioooooos! necesitaba escribirlo, desahogarme. Si alguien se lo ha leído entero, gracias mil gracias por el enorme sacrificio que ha supuesto. Un besazoooooo enooooorme!



Un abrazo



jesS

4 comentarios:

Roberto Leal dijo...

veo que en este tiempo no te has explaya do mucho tampoc jajaj bueno aqui cada uno a su ritmo ;) mañan lo miro bien q hoy voy con prisa un besazo

Ego dijo...

Un día nos da por madurar y al final no hay despertadores. Ahora suenan los móviles y se pierden las llamadas. Luego nos da por desahogarnos escribiendo y nos damos cuenta de que es una suerte no salir en las revistas del corazón. Brinda por ello. Suerte.
Un (b)eso!

Blackrose dijo...

Regalarse, de vez en cuando, un texto como éste, es todo un lujo.

:)

Las rutinas acaban con todo el mundo, y, en ciertos casos, ayudan a madurar antes de tiempo.

Recuerda, que yo, a otra escala, estoy así también, así que.... en la otra esquina del mapa hay alguien a quien le ocurren cosas parecidas que te manda fuerza y ánimo para todo.


Somos las raras más parecidas de este jodido planeta.


Que lo sepas.

Ea! A cuidarse y a pegarse unas buenas fiestas mientras yo sigo estudiando.


(Por cierto, cambié de blog, ahora me despacho abiertamente en un matadero ;))

Un beso y un abrazo, de los gordos eh? nada de tacañerías.

vari dijo...

buenas noches,no ha sido ningun sacrificio leerlo. esa dureza es la que va forjando nuestro caracter. la vida te va dando golpes, patadas y pone zancadillas... luego esta en nosotros caernos y no levantarnos o mirarla de arriba a abajo y decirle "te jodes que puedo mas que tu", poco a poco dejas de mirarla, esos golpes cada vez se notan menos (estas acostumbrado y los aceptas) y al final se forjan las personas.
un abrazo.
pasare mas amenudo.