Han pasado la vida juntos. Era usual verles pasear las tardes ociosas por la Avenida, cogidos del brazo, el uno siempre al lado del otro. Ella con ese carácter fuerte, esos collares de perlas. Él con una sonrisa cómplice que nunca perdía. Los recuerdo ya peinando canas, desventajas de ser la pequeña de la familia, pero siempre caminando juntos.
Hace poco, mientras esperaba a que me arreglaran la pulsera de mi cumpleaños, los vi entrar en la relojería. Él tenía el rostro desencajado, había envejecido cien años. Ella tenía la miraba ausente, los labios rojos, como siempre, la expresión perdida. Me reconoció, me besó, me dijo lo guapa que estaba. Aproveché esos minutos de espera para tomarla del brazo y dejar que él descansara, se desahogara hablando un rato con mi madre. De refilón, le vi llorar.
Me intenté poner en la piel de él. Después de toda una vida al lado de una persona, de quererla, de amarla, de disfrutar con ella lo más maravilloso de la vida y hacer frente a los sinsabores del destino, llega el momento que te va anunciando el final. De repente, ves como todo se desmorona.Maldita pregunta: "¿Y tú quién eres?" Ella va menguando, no es la sombra de lo que fue. Tú ya no tienes un lugar en el que refugiarte; has de vivir por y para ella. Además, la vida te ha dado un revés tras otro: has enterrado a tus hermanos, a tus cuñados, a tus sobrinos e incluso a un hijo. Ya no queda nada de aquellos sábados por la mañana de almuerzo y truc en el bar de siempre, ya no queda nadie con quien conversar alrededor de una cerveza, con quien compartir una charla de esas que arreglan el mundo. El tiempo se ha vuelto un enemigo que juega en tu contra, clavándote minutos, segundos. Ya no quedan más que recuerdos.
Se miró en el espejo. Las ojeras, las lágrimas, los fantasmas anidando cada rincón de su tibia serenidad, los sueños rotos, los aviones de cristal estrellados en el suelo de la inconsciencia... Su pintoresca imagen se burlaba de ella, como si fuera una simple desconocida. Se dio la vuelta, confusa, derrotada por el peso de la realidad y caminó durante horas sin rumbo por una ciudad llena de venas, arterias, por las que se delizaban centenares de coches que portaban refugios insondables que nunca eran el suyo.
"¿Y ahora, qué?", se preguntó.
Buena pregunta. Futuro. ¿Y ahora qué?
Cerró los ojos para disimular las lágrimas. El futuro se proyectaba en blanco y negro, como el pasado que pesaba cual losa sobre sus hombros. El futuro no existía. El futuro era una utopía que no tocaba con las manos, que no alcanzaba a vislumbrar, que se perdía en el eco de la desesperación que la arrastraba. El futuro era una promesa que se negaba a ser cumplida.
Arrastró su alma por aquellas calles, difuminándose entre los recuerdos. Veía su imagen nítida e inconfundible por aquellos lugares que una vez hicieron suyos. Cada semáforo en rojo, cada paso de zebra, aquella estación modernista, aquellas calles interminables, aquel río triste en el que ya nadie, excepto ella, reparaba... todo tenía su aroma, su presencia. Todo se le antojaba una leve fantasía, un lugar en el que nunca estuvo pero que se había postrado en su memoria como si un traidor cinematógrafo hubiera proyectado aquellas imágenes tantas veces que ya las hubiera hecho suyas. ¿Y si él nunca existió? Si realmente existía, si realmente había estado con ella, según el calendario, tan poco tiempo atrás, ¿ por qué le parecía que había pasado años?
Su voz, su tacto, su olor... se desvanecían si se aventuraba a recordarlo. El rumor del viento parecía llevarse con él todo resquicio de cordura y arrastraba consigo sus recuerdos, despojándola de aquello que la importaba. Cada segundo que pasaba para inmolarse hacía la eternidad era un enemigo que la hería de muerte. Maldito tiempo. Malditos fantasmas. Malditos corazones que corrían por la ciudad con total impunidad creyendo que alguien los necesitaba. Ella hacía tiempo que vivía sin el suyo. Ella lo regaló con una determinación que la asustó. Benditas locuras aquellas de juventud que te encumbran a la felicidad más absoluta, que te hacen recorrer kilómetros con un sueño y un libro, con una canción de fondo. Benditas locuras aquellas que le jugaron una mala pasada y que hoy la tenían atada a un vago recuerdo, a una sensación frustrante de vacío. Y es que ¿cómo se puede seguir viviendo después de conocer la felicidad y tener que decirle hasta luego? ¿Cómo se puede seguir adelante cuando has dejado parte de tu alma en un aeropuerto, vagando, esperando frente al panel de información, llorando en el smoking point? ¿Cómo se puede seguir adelante con la sensación de que no recuerdas su voz susurrándote al oído, el color de sus caricias o el precio de sus sonrisas?
Con la cabeza llena de preguntas sin respuesta esperó escuchar su voz al otro lado. Se conformaba con eso; ya ni tan siquiera demandaba gestos de cariño, sólo quería escuchar su voz, su risa, sus enfados fingidos... Pero esta vez no había nadie. De nada servía gritarle al viento, de nada servía vararse frente al mar ni lanzar una botella con un mensaje que nunca le llegaría, que nunca contestaría. Cruel presente, casi tan desdibujado como el futuro. ¿Qué poder tenía el amor? ¿La llevaría de regreso a casa? ¿Sonaría aquél teléfono con él al otro lado recordándole que, pese a sus miedos, sus estupideces, sus errores... todavía la quería con la ternura y pasión con la que la amó por primera vez, con la que prometió amarle cada día de sus vidas?
Y sin darse cuenta, había vuelto al principio. Estaba enamorada.
Las prisas de la rutina se disipan en los días festivos. El pollo, recién sacado del horno, luce en la cazuela de barro y un par de platos descansan sobre la mesa. Ella bebe una copa; yo brindo con coca-cola porque la tengo a ella, lo más valioso que me podría dar la vida.
La admiro, y eso no es un secreto. Admiro su fortaleza, su manera de ver la vida, de afrontar las situaciones más difíciles con la cabeza fría y los nervios temblados. En ocasiones, me gusta pensar que yo he heredado parte de ese carácter fuerte y dulce que la define.
Hablamos durante la comida sin tabúes. Ella se empieza a dar cuenta de que ya no soy esa niña a la que le hacía pirris y vestía de rosa. Ahora, en el límite de la mayoría de edad, mientras firmo autorizaciones de bancos y las cartas ya llegan a mi nombre, empieza a tomar consciencia de que empiezo a vivir y eso nos asusta a las dos.
Puedo presumir de que nunca he tenido horarios ni imposiciones; he tenido consejos y sonrisas cómplices. Ella me contagió la pasión por la literatura, me ha enseñado a ser mejor persona, a darlo todo sin esperar nada a cambio, a levantarme después de cada derrota y seguir luchando. Ella ha dejado que me cayera para que aprendiera que la vida es dura, pero siempre he tenido su abrazo reconfortante para aliviarme después de la caída. Ella ha secado todas las lágrimas y no ha dejado que nunca me rindiera.
Mis sueños han sido sus sueños; mis ilusiones han ido de la mano con las suyas; su apoyo ha sido incondicional en todo momento. Me apoyó el día en el que le dije que estaba enamorada, me sonrió burlona el día que me pilló vomitando después de una borrachera, sufrió cuando cogí por primera vez un tren sola para irme al fin del mundo y se decepcionó cuando vió un paquete de tabaco en mi bolso.
Han habido momentos buenos y malos. La he visto sufrir, hipotecar su vida para sacarnos adelante, escalar muros que parecían infranqueables. La he visto sonreír cuando parecía que no quedaba nada por lo que hacerlo. La he visto estar siempre ahí, al lado de cualquiera que la necesitara, por mucho daño que le hubieran hecho.
Nos aterra separarnos, que pase el tiempo, pero "ella es y será todo para mí", es mi madre, y tenemos un vínculo especial plagado de complicidad que espero que el tiempo no se lleve.
lunes, 15 de febrero de 2010
Me gusta tu forma de mirarme, siempre con dulzura y profundidad.
Me gusta cuando te revuelves en la cama y me buscas, te acercas a mí y me abrazas.
Me gustas cuando duermes y me contestas, me besas, me proteges.
Me gusta tu calor, tu olor, el tacto de tu piel aterciopelada, el contraste con la palidez de la mía.
Me gusta cuando me besas y tu barbita hace que se me pele la nariz.
Me gusta cuando me haces cosquillas en el cuello.
Me gustan tus manos, tus labios, tus intenciones.
Me gusta cuando te miro, sonrío y tú me preguntas en qué pienso.
Me gusta cuando no soy capaz de desentrañar el mapa de tus gestos y te me antojas un misterio.
Me gusta cuando sonríes y me quedo durante horas colgada en esa sonrisa.
Entramos Ciiint y yo en una floristería de la parte baja. Íbamos inmersas en nuestro mundo, hablando, riendo, quejándonos de un examen o quizás de un trabajo que aún no habíamos acabado. Al cruzar la puerta nos recibió un negocio muy típico, desordenado, con la mesa llena de papeles y las estanterías repletas de flores efímeras, pero preciosas que conformaban un agradable ambiente. Buscamos a nuestro alrededor al dueño del negocio y al mirar al frente, a lo que parecía una trastienda, vimos a una pequeña con su papá. La niña, con el pelo deshecho, el chándal del colegio y esa indecisión propia de la edad se debatía entre el rojo o el naranja. Su padre, perfectamente trajeado, con una sonrisa paciente y un gesto conmedido, esperaba la decisión de la pequeña. Así, finalmente, la niña emitió su veredicto y el padre lo reafirmó con un leve movimiento de cabeza al tendero, un chico joven de trato amable con una cálida sonrisa .
Ciiint y yo continuamos charlando cuando los tres salieron al mostrador. Yo le iba contando alguna clase pasada, quizá formulaba alguna queja, pero al nombrar a un profesor, el padre se metió en nuestra conversación con una tibia sonrisa avergonzada. Me giré confusa. ¡Qué pequeño es el mundo!
-¿Ese no será el de Monte-sión?
-Sí.- respondimos al unísono.
Empezamos una amable conversación entre recuerdos en blanco y negro, entre comentarios mordaces, comprobando que el tiempo suaviza las formas, tiñe de blanco el pelo, pero las personas permanecen. Dos generaciones distintas allí plantadas, que habían recorrido esos pasillos en momentos distintos, dejando su esencia, su primavera, sus sueños anclados en aulas de azulejos verdes que han cobijado miles de espíritus que creen que no hay vida más allá de esa adolescencia.
El hombre, tras unos minutos de complicidad con nosotras, nos deseó suerte. Pagó las flores, cogió a la niña de la mano y se marchó guiñándonos un ojo, esperando que nuestro futuro inmediato fuera dichoso. Cynthia y yo nos miramos pensando que quizás este lugar tiene más de pueblo de lo que pensamos, pero aquello, en cierta manera no nos disgustó. A veces, cuando vives en medio de un mundo que gira tan deprisa, donde confluyen miles de historias y nadie se preocupa por la tuya, resulta agradable encontrarte con alguien así, charlar sobretodo o sobre nada, sonreír porque sí.
Después, Ciiint y yo comenzamos a divagar, pensando en lo tierno que resultaba aquel chico saliendo con las flores desnudas en la mano. Pensamos que serían para su mujer que, ingenua, esperaba en casa suponiendo que su marido y su niña estarían en el parque. Quisimos imaginar la reacción de la esposa emocionada, sorprendida. Puede que abrazara a la niña, besara a su marido apasionadamente y se sintiera satisfecha por estar ahí, vivir esa vida con sinsabores y emociones, con pequeños detalles que la hacen grande. O puede que no, pero nos gustaba más esta opción.
Y yo, nostálgica, emocionada quizás imaginando aquella escena, no pude evitar pensar en el futuro, en flores naranjas, en besos y amor, y en el lugar donde tendrían lugar mis sueños, puede que alejados de esa floristería, de esas conversaciones casuales, o puede que no.
martes, 26 de enero de 2010
-Si tan seguro estás, ¿Para qué vas a estar con alguien así? Déjame, ¿qué pasa, que no sabes como hacerlo?
-Dejarte, ni se cómo ni puedo hacerlo
-¿Por qué no puedes?
-Porque es como cuando intentas dejar de respirar: te lo propones, lo intentas y... es simplemente imposible.
Eres como aquel faro monumental que custodió nuestro primer beso mientras el mar rompía a nuestros pies: eres esa luz que nunca se apaga, que me calma, que me hace saber que llegaré a buen puerto mientras siga encendida. Por eso, sigo la luz de tus ojos que hoy brillan por mí y me hacen caminar por encima de ese mar que un día nos llevó a la deriva.
domingo, 13 de diciembre de 2009
-Debajo de ese caparazón de cínico se esconde un sentimental [...] En 1935 llevó usted armas a Etiopía, y en 1936 luchó en España junto a los republicanos.
-En ambos casos me pagaron muy bien.
-Pero le hubieran pagado más los vencedores...
(Casablanca)
No sé si siempre nos quedará París o si es que nunca la tuvimos, no sé si él se acuerda del vestido que llevaba la primera vez que me vio, ni si nos enamoramos mientras el mundo se desmoronaba. Me da igual, nunca aspiré a ser Ingrid Bergman ni a protagonizar una historia de película. Nunca seré la chica flacucha y de ojos negros con un gato sin nombre que desayunaba frente a Tiffany's esperando encontrarse protegida en los "días rojos". Yo, cuando me pierdo, tengo mucho menos glamour: me refugio entre libros y películas en blanco y negro mientras Alberto se ríe de lo "retro" que llega a ser su chica, todavía comprándose vinilos de Bob Dylan, emocionada porque ha encontrado en el rastro un libro de páginas amarillentas que rescatar de un olvido seguro.
Tampoco fumaré jamás frente a Cary Grant mientras le rechazo con una fingida indeferencia. No soy la secretaria de Kirk Douglas que le desbanca como escritor famoso y se convierte en la novelista del año mientras es la perfecta esposa. No seré la viuda de Fredric March en "Ha nacido una estrella", ni la protagonista sin nombre de "Rebeca", amante entregada a un misterioso Lawrence Olivier al que no entiende, al que cree enamorado de un recuerdo. Sé perfectamente que no me pareceré nunca a Audrey Hepburn ni tendré su magia. No cantaré "Moon River" en una ventana, regalaré a George Peppard una cinta para máquina de escribir que estrenará inspirándose en mí, y Humphrey Boggart no acabará confesándome su amor resignado ante una chica tan especial como "Sabrina". No sé si iré de "vacaciones por Roma" o si una "Serenata Nostálgica" hará que no olvide nunca que la vida son momentos con banda sonora en la que hay que sortear obstáculos.
Sea como sea, aunque Hithcock no dirija mi vida ni Capote escriba mi historia, seguiré enamorada de Humphrey Boggart y caminaré siendo una soñadora que vive una vida en color. Porque no soy Janet Gaynor ni tengo ese halo tan especial que desprendría Audrey pero me he ganado a pulso el papel protagonista de una historia que tiene como ingrediente especial que no sé hacia dónde me llevará.
Me basta con hundir mi rostro en tu pecho para sentir que todo, excepto tú, carece de importancia. Todo va pasando a un segundo plano, todo se ralentiza. El mundo, de repente, deja de existir bajo mis pies y eres tú el que me sujeta. Me aferro a tí, siento tu brazo rodeándome con determinación y fuerza y tu respiración, tranquila, se acompasa con la mía. Voy notando como cada vez me alejo más de la persona que fui y como todo camino irremediablemente, me lleva a tí.
Me haces la persona más feliz del universo tan sólo con mirarme, tan sólo con dedicarme una de esas sonrisas repletas de fuerza y ternura. Cada beso es un regalo que no sé si merezco; cada abrazo me habla de como a tu lado nada malo puede pasarme. Espantas mis fantasmas con infinita paciencia, haciendo el esfuerzo de obviar mis miedos, protegiéndome del mundo y de ellos; protegiéndome de mí misma. El peso de un beso es fuciente para que, al mirar atrás, todo el camino sea tan sólo un leve recuerdo que ya no tiene la propiedad de hacerme daño.
Tienes la mirada más intensa que jamás he visto. Tienes la sonrisa más especial que jamás me ha sonreído. Posees un encanto que me envuelve, una determinación que me da seguridad, un halo de confianza que me hace sentir la persona más especial del mundo. Posees tantas y tantas virtudes que me siento pequeñita entre tus brazos, algo insignificante que no es suficiente para tí.
Eres esa parte sin la que no puedo respirar. Eres mi protector, mi guía, el sueño que cada noche se repite con mayor intensidad. Eres la única persona capaz de robarme miles de sonrisas, el que cada noche, con infinita paciencia, escucha mis divagaciones, me hace olvidar lo duro que es el mundo. Eres mucho más de lo que estas simples palabras puedan decir de tí. Eres mucho más de lo que me merezco, mucho más de lo que pude llegar a soñar. " Eres no sé lo que eres, eres justo mi mitad"
Y si algo tengo claro por primera vez es que me da igual tu pasado, me dan igual mis fantasmas y me da igual cuánto tengamos que luchar. Sólo quiero vivir mi presente junto a tí, llegar a ese futuro que el tiempo nos promete e ir ganándole batallas a la vida, a nuestra vida.
Cierro los ojos. Abrazo la almohada todavía fría y, a tientas, busco tu reflejo en mis sueños. Te escondes. Grito tu nombre, que resuena por las paredes vacías como un eco que me hace estremecer. Vuelvo a gritar. No apareces, pero tu voz acaricia mis labios y tus palabras vuelan por mi cabeza . Tu voz se ha se ha colado en mi vida y me sorprende la nitidez con la que suena, incluso cuando no recuerdo cuándo fue la última vez que la escuché. Intento responderte, pero mi voz, esta vez, se pierde y me parece que nunca llega a tocarte. Es un eco que resbala, un eco que se pierde temblando entre la desesperación de no saber si llegas a escucharla. Un beso. Abrazo la almohada de nuevo y, otra vez, a tientas, busco tu cara en el letargo silencioso de la noche. Te llamo otra vez. Grito tu nombre regocijándome en cada sílaba, como si ya el simple hecho de pronunciar aquellas siete letras me bastara para no echarte de menos. Y cuando tu rostro sonriente, único, aparece frente a mí como una divina aparición, busco tus labios en tinieblas. Me pongo de puntillas, cierro los ojos, escucho de fondo el mar mientras todo se ralentiza, todo carece de importancia, y me dejo llevar, como mecida entre tus brazos por el vaivén de las olas que quedan a nuestra espalda. Te quiero. Dos palabras que parecen no decir nada, pero lo dicen todo. Quizás me arriesgue, me precipite, confesándote tal realidad, lanzando la discreción al viento, muy lejos de mi ya desgastada razón. Te quiero. Suena tan bien dicho en voz alta. Suena tan bien cuando eres tú el que desliza de sus labios esas palabras y me las dedicas a mí, únicamente a mí. Y cuando aflora el primer "te amo" me siento la persona más especial del mundo. Será porque tengo la certeza de que es verdad, de que es a mí a quien amas, aunque no consiga entender el por qué. Y yo te amo. Te amo tanto que me asusta la posibilidad de perderte un día, de no volver a ver tus labios curvándose en una media sonrisa dedicada sólo a mí. Y me haces temblar. Tiemblo. El viento frío de la mañana que se cuela por la ventana acaricia mi espalda, eriza el bello de mi cuerpo. Me decepciono cuando compruebo que no es tu aliento el que me recorre. Abrazo la almohada ahora cálida, abro los ojos y veo que no estás en mi cama. Daría todo sólo por extender la mano y encontrar la tuya sosteniéndola, acariciándola de nuevo. Sueños. Sueños que haremos reales. Sueños que sólo hablan de tí.
lunes, 31 de agosto de 2009
Ella habla para no escuchar lo que siente. Piensa que si grita más que las voces que le hacen temblar, acallará su ilusión y así no le harán daño. Ella se ha prometido levantar un muro infranqueable que él ha derruido con la primera sonrisa, el primer "te quiero". Ella se ha quedado sin defensas y ahora sólo ríe, regala su cariño. Habla. Siente. Escribe. Sueña. Vuelve a ser lo que creía que jamás sería.
Ella le quiere como pensó que nunca querría. Se siente afortunada, pero todo lo que siente pasar por su pecho, la asusta. Tiene miedo a no ser como él la ve, pero sin embargo sus fantasmas se callan en el preciso instante en el que él vuelve a aparecer. Aún así ha de confesar que sus fantasmas son apenas visibles desde que él inundó su vida con su presencia.
Pero ella está enfada con él porque por su culpa se ha traicionado en la promesa que una noche se hizo de no dejar que nadie más entrara en su vida. Ella, fiel en sus promesas, ahora tiembla cada vez que le recuerda y que recuerda que él se coló por una pequeña rendija y cambió el gris de su vida por una luz resplandeciente. Pero le encanta temblar y él sabe que su enfado en realidad esconde una secreta alegría que queda de manifiesto en su sonrisa. Y desde que todo empezó, no ha dejado de sonreír.
Él la quiere y se lo demuestra. Es por eso que a ella le asusta no ser capaz de demostrárselo con la misma intensidad. Ella se queda callada cuando escucha salir de sus labios los "te quieros" y sólo sonríe emocionada. como si todavía le pareciera raro que alguien quiera compartir su vida con ella. Pero él la sorprende con palabras que la colman y en esos instantes se vuelve a quedar callada. Busca una respuesta original, algo ingenioso que también lo desmonte a él, pero sólo le sale decirle lo muchísimo que lo quiere, cada día un poco más. Y muchas veces piensa que eso sólo no es suficiente para retenerle a su lado, para que él no se de cuenta de que es una simple niña sin mucho más que ofrecerle que su amor, su cariño, sus besos y sonrisas.
Y ambos saben que no será fácil, pero nadie nunca les prometió que la vida fuera a ser fácil. Así que lucharán; y lucharán juntos porque así el camino será más llevadero y compartirán las alegrías y tristezas, sortearán las dificultades y sabrán que al final, lo único que importa son ellos mismos.
2 años. Cuando apareció la idea de este blog no supe muy bien qué sería de él. Digamos que no soy la persona más constante del mundo y además, aunque a veces lo disimule bien, soy bastante tímida. Empezó como una idea con nombre de canción que había escuchado al despertar en un coche camino a Barcelona después de un día poco menos que complicado. Algunas entradas fueron borradas y, a pesar, de que las primeras entradas ponen que datan de Octubre, el primer esbozo de este blog se creó una tarde tonta de julio y fue borrado una tarde todavía más tonta de agosto o de septiembre. Pero como soy una ñoña, había guardado esas entradas con sus correspondientes comentarios, y una tarde gris del recién estrenado otoño, sintiendo que el mundo era un territorio hostil, las rescaté. Ahora que me ha dado por releer qué fue de mí en aquella época, he sentido la tentación de borrar aquellas entradas. ¡Qué vergüenza! El final del 2007 fue raro. El miedo a acabar una etapa y a empezar otra, el miedo a la muerte, "enamorarte" y que te rompan el corazón por primera vez... Si no fuera por mi afán de conservar recuerdos... jajaj En estos dos años he procurado que este fuera un lugar en el que gritar, en el que expresarme, un lugar en el que, a media voz, contar mis inquietudes, mis historias, mis sueños... Me he mantenido fiel a la promesa que me hice cuando comencé a escribir la primera entrada: siempre me dejaría llevar. Sí, aquí escribiría sin tabúes, sin pensar en quién podría o no podría leerlo. Para escribir aquí me quedaría a solas conmigo misma y luego, contaría, acompañada o no de mis musas, aquello que me atormentaba o que quería compartir con el mundo. Reconozco que he tenido etapas muy "putas" en las que sentía que me ahogaba y que sólo aquí podía gritar porque hacerlo en mi mundo podía romper del todo pilares ya desquebrajados. Hubo una etapa, en el último otoño, que dejé de escribir, y tuve la sensación de que sería para siempre. Me aparté del teclado, pero al final, cuando volví a encarrilar mi vida, me reconcilié con este "rincón" en el que siempre han aparecido voces que han puesto toques de cordura, sonrisas, consejos sabios, "te quieros"... y sobretodo, gente que ha tenido la increíble paciencia de leerse parrafadas enormes que ni yo misma sabía si iban o si venían y, luego, han intentado decir algo coherente que me ayudara a sentirme menos perdida. Ya sólo por eso, se merecen mi cariño. Pero sin duda, algo que recordaré de este blog y que me hizo especial ilusión fue la aparición estelar de aquella "internauta agradecida" a la que llegué a dedicarle una entrada (http://sinmiedoasonyar.blogspot.com/2007/11/y-pensar-q-lo-q-escribo-puede-ser-tan.html ). Nunca pensé que algo que pudiera llegar a escribir pudiera influir en la vida de alguien, pero me emocionó hacerlo. No volví a saber de ella pero al cabo de meses, volvió a escribirme. Se trataba de una chica de Santiago de Compostela un poco más mayor que yo que llegó a mí por casualidad y que gracias a mí recuperó su inspiración. En ocasiones, qué pequeño es el mundo.
Y como creo que ya os debo de haber cansado ya con mis batallitas os dejo con mi entrada favorita de estos dos años. Si la habéis leído, nunca viene mal recordar :) Si no, pues la comparto con vosotros!
"SIRENA VARADA"
"Pero es que cada gota de lluvia lleva a lomos demasiados recuerdos que, cuando osan acariciar las heridas que todavía no han cicatrizado, escuecen. Llovía aquel día en el que me partieron el corazón en mil pedazos y, sentada frente a la ventana hasta que el tiempo dejó de pasar y las horas perdieron su importancia, vi como la lluvia y el viento se llevaban los pedazos de un maltrecho corazón que justo en aquellos momentos y no en otros, dejó de creer en el amor. Y aquel día, mientras mis lágrimas formaban un charcho de tristeza en el que naufragar, me prometí a mi misma sellar para siempre mi corazón si de esta manera nunca nadie me volvía a hacer daño. Las gotas de lluvia sellaron mi pacto y aquella pequeña llave bajo la que esconder mis miedos se la llevó algún pequeño riachuelo de ilusión y de cobardía encubierta. Confié en que quizás algún día la trajera de vuelta un pequeño barco de papel que atracara en un puerto seguro, sin miedos oscuros, sin lágrimas de media noche. Pero los barcos de papel se rompen, se deshacen y desaparecen como las promesas que se formulan al viento. Aquel barco de papel con el billete de vuelta se ha perdido en la corriente de alguna tormenta y ha encallado en el vaso de ron de algún pirata o marinero que se tragó la llave e hizo llorar a esta pequeña sirena. Pero los marineros tienen a mil sirenas suspirando en cada puerto y la sirena que esconde su corazón en barcos de papel siempre huye sin saber si la invitaran a otro ron. Al fin y al cabo hay sirenas que se olvidaron de nadar mucho antes de aprender. Y yo me olvidé de nadar el día en el que dejé de creer en el amor, el día en el que la vida me demostró que los príncipes azules se van en el momento en el que hace falta que te envuelvan con su capa. Pero la lluvia ha sido mi aliada cuando la he necesitado, cuando he creído que un momento así no se podría concebir sin ella, sin esa melancolía opaca que te envuelve el corazón sin necesidad de una excusa. Por eso salí a la lluvia el día en el que la vida dejó más desamparada que nunca, cuando sentí que se me había quebrado el corazón y sólo me quedó sentarme en el banco de piedra blanco resguardado por un porche a ver pasar las horas teñidas de dolor. La lluvia trajo consigo la fuerza del cariño, la fuerza que te arrastra a ponerte en pie incluso cuando se te ha olvidado cómo late el corazón, cuando has conocido a la muerte y la has mirado a los ojos suplicándole un único día más. Pero los días de lluvia, a parte de los recuerdos, traen consigo esa extraña inspiración para un alma romántica que nunca es leída. La lluvia cae y tiñe los días de ápices tristes que yo convierto en historias, historias olvidadas que nunca ven la luz del sol, que viven en las nubes negras y en el alma de una pequeña sirena que hace con ellas barcos de papel en los que esconder su corazón.”
Durante meses me he estado preguntando en qué clase de persona me había convertido para que mis amigos me hubieran dejado de hablar y los que me seguían hablando, sólo me quisieran para salir de cañas y de fiesta.
Buscaba una explicación, pero nunca la encontraba. Era mucho más maduro por su parte dar la callada como respuesta, dejarme así, por las buenas, con mis historias, mis cosas, rodeada de fantasmas. Porque lo reconozco y siempre lo he hecho: no soy una chica fácil. Aunque en realidad tampoco lo creo. No es que sea una persona difícil, si no es que te tienes que tomar un par de tardes para conocerme, para que me pueda abrir. Porque puedo aparentar que soy muy extrovertida, pero soy extremadamente tímida e insegura. Pero conmigo, con una sonrisa, lo tienes todo ganado. ¡Qué simple! Y lo han olvidado.
Pero he de confesar que si ahora algo me da miedo es que esta apatía en la que estoy suspendida tan sólo sea la tapadera o la antesala a esa depresión de la que llevo huyendo durante meses. Se me hace un mundo salir, mirarme al espejo, hablar con los amigos que conservo, ponerme a escribir, a leer... Quiero echarle la culpa a la medicación de las migrañas y me releo una y otra vez el prospecto buscando explicación entre los múltiples efectos secundarios. Pero la verdad es que desde que él se fue me dio por preguntarme el sentido de la vida. ¡Qué filosófica me pongo a veces! Yo siempre he sido melancólica, pero desde entonces me encuentro mucho más vulnerable. Soy joven. Soy muy joven. Y perder a un padre cuando se es tan joven puede resultar algo difícil. Desde entonces, desde octubre, hay imágenes que no se me han ido de la cabeza y supongo que hubiera ayudado el hecho de tener a mi lado amigos con los que contar, amigos que no hubieran hecho de este asunto un tema tabú porque para ellos era mucho más fácil.
No sé a qué viene esta entrada, la verdad. No sé por qué escribo esto, por qué hago esta declaración de intenciones justo ahora. Supongo que es una manera de plantarme porque ya estoy harta. No quiero en mi vida a gente así. No quiero en mi vida a gente que con sonrisas de arpías y gestos de hienas me busquen cuando su cielo está negro porque soy la chica que escucha con una sonrisa y arregla los problemas de los demás. No quiero gente en mi vida que cuando por fin me da por levantar la cabeza y pensar en mí, me deja de hablar por las buenas y sin más explicación. No necesito gente en mi vida a la que Amelie, Woody Allen, Rafa Pons, Carlos Goñi, Andrés Suárez, Ruíz Zafón, Paulo Coelho... les parezcan una soberana gilipollez. Gente que nunca me ha querido acompañar a un concierto porque el "rollo cantautor, te irá mucho a tí, Jess, pero a nosotros, nos aburre..." A los que los libros les dan alergía y nunca han terminado de leerse uno de mis relatos porque "los escribes muy largos" pero que sin embargo me dicen "tienes talento, pequeña" mientras yo pongo cara de pócker. A mí me dan alergia los partidos de básket en los que siempre pierden, los conciertos punks donde el cantante sale con unos gayumbos en la cabeza, las conversaciones monotemáticas de ordenadores, diseño gráfico..., las veces que se clavan cuchillos unos a otros por la espalda... pero sin embargo, ahí he estado siempre, con ellos. Tampoco quiero gente en mi vida que no acepte como soy, que me marque las pautas de lo que debo y no debo hacer, con quien debo salir o a quien no me debo acercar. No puedo estar al lado de gente que se ría de mis sueños, que me mire con indiferencia o que se crea superior a mí por tener más visitas en Tuenti o más amigos en Facebook. ¿Está tan vacía tu vida que se reduce a eso, a mirar tu contador de visitas de Tuenti?
Lo siento, pero no me arrepiento de no ser una barbie niña de papá de sonrisa falsa y manipuladora que juega con vosotros, aunque parece que eso es lo que os va. Soy como soy, y yo prefiero ser así, amante de películas raras, de actores en blanco y negro, de música con letras cargadas de significado de gente que se lo trabaja para hacerse un hueco y cuyo nombre no es súper conocido. Que muy probablemente el año que viene acabaré estudiando filología o historia, esas carreras que os pareces tontas, y seguiré con mis viajes infinitos al fin del mundo, esos que nunca os han importado. Que seguiré viajando en tren para ver a mis niñas de Murcia, buscando excusas para irme de conciertos con gente a la que no le suena tan mal, subiendo al escenario a bailar el "mala puta" (aunque luego en youtube me encuentre los vídeos xD)... en definitiva, seguiré con mi vida, porque me he dado cuenta de que no me hacéis falta. Y además, no lo debo de estar haciendo tan mal si a mi alredor, han quedado personas que todavía siguen a mi lado.
Pero sí, podemos llevarnos bien, guardar las apariencias. Era yo la mala de la película, no? Y todavía , en estos meses, no me había pronunciado, había guardado un prudencial silencio. Pues ahora, el que quiera entender que entienda.
Besitos y saludos a los que me leéis, a los que pasáis y saludáis, a los que pasáis de incógnito...
"En estos meses me he quedado vacía, se me agotó la inspiración, pero también es posible que las historias sean criaturas con vida propia que existen en las sombras de una misteriosa dimensión, y que en ese caso todo sea cuestión de abrirme nuevamenente para que entren en mí, se organicen a su antojo y salgan convertidas en palabras. No me pertenecen. No son mis creaciones, pero si logro romper los muros de la angustia donde estoy encerrada, puedo volver a servirles de médium"
Hace tiempo que estoy bloqueada. Hace tiempo que estoy en blanco, que cada vez que intento escribir es como si no tuviera nada que contar. Entradas atrás escribía algo así como "ya no eres dueña de sus historias", pero es que además ahora tengo la sensación de que no soy dueña de lo que yo siento. Me he quedado vacía. Subsisto a base de relatos de épocas en las que por lo menos, con mayor o menor calidad, gastaba mi tiempo haciendo algo que me gustaba. Pero poco a poco he visto morir mi inspiración entre mis brazos, la he visto marcharse poco después de que mi mundo se derrumbase y ahora no soy dueña ni de las historias de otros ni de las mías propias.
Es fustrante sentirse vacía. Es como si de pronto la apatía estuviese campando a sus a sus anchas por mí sin ley ni orden. No sentir nada es demasiado fustrante y ¿por qué no? demasiado triste. Yo, que he perdido el norte y no sé si miro al sur, puedo afirmar que, como dice el señor Rafa Pons, "de tanto buscarme me he perdido". Y además es que he perdido la inspiración, las ganas de escribir... Cada vez que me pongo frente a un folio en blanco me vuelve a entrar el miedo, la inseguridad. Cada vez que intento actualizar esto supone un mundo. Llevo días intentando escribir. Llevo días con la pestaña del explorador abierta, con "anoche soñé que volvía a Manderley" como título, y llevo días borrando líneas, reescribiendo frases, oyendo teclas repicando. Quizás necesite un tiempo o quizás necesite este fin de semana de buena música, de sentirme yo, de ponerme guapa, de mirarme al espejo y sonreír a esas personas que a pesar de todo, inexplicablemente, me siguen queriendo. A veces, después de estos meses en los que he oído tantas cosas, me sorprende que quede gente a mi lado que me diga que la melancolía no es mala, que la tristeza es normal cuando has encajado mil y un golpes, que las personas no cambian tanto y que si lo hacen, los amigos, están ahí para saber ayudarte.
Y ayer, el señor Dylan, de camino a casa me llamó "miss Lonely" y me dijo que mi vida era "like a rolling stone". He dejado al señor Dylan hasta que sus canciones me digan cosas bonitas.
martes, 16 de junio de 2009
"-Yo- comenzó a hablar sin mirarme.- no me puedo quitar de la cabeza el día en que me fui. Estabas tan hundida que se me rompió el corazón. No sabes lo difícil que fue para mí soltarte toda aquella retahíla de idioteces esperando a que me odiaras para siempre. Y después no quería creer lo que había pasado. Mientras viajaba en aquel avión no pude dejar de pensar ni un solo instante en el daño que te había hecho. Después me dio por imaginar lo que hubiera sido de nuestra vida si todo hubiera sido más sencillo y más normal. Una casa con jardín, como tú querías. O quizás un ático en el centro con terraza. Y yo lo diseñaría todo para ti. Y lo decoraríamos juntos, todo menos tu rincón. Con millones de libros agolpados en estanterías de aluminio. Y un par de sillones por si alguna vez te apetece compartir la lectura conmigo. O un sofá o una hamaca. Y tus pósters se repartirían por las paredes para que pudieras recordar todos los lugares con los que todavía sueñas. Y habría muchas fotos porque a ti te encantan las fotos. Tendrías fotos y recuerdos por las paredes también. Fotos nuestras, fotos de nuestros viajes, de nuestra familia, de nuestros amigos, de tu infancia, del mar… Y a un lado, un escritorio con la máquina de escribir que te regalé. Tu ordenador descansaría al otro lado para tus días de inspiración. Y esos días, el sonido incesante de las teclas siendo golpeadas invadiría la casa y llegaría hasta mi despacho, situado al otro lado del pasillo, donde estaría trabajando en el proyecto de alguna casa o de algún edificio nuevo. Y entonces sonreiría satisfecho, dejaría la escuadra y el lápiz y caminaría sigiloso por el pasillo para asomarme y ver lo guapa que te pones cuando escribes. Al final, no me podría resistir y entraría interrumpiéndote y te besaría y te abrazaría y te haría el amor allí mismo. Luego, todavía con tu calor, volvería a mi despacho y miraría nuestra foto sobre el escritorio. Tú siempre tan guapa, tan sonriente. Mi despacho no sería tan bonito como el tuyo. Sería más sobrio, menos personal. Con algún cuadro, con escuadras, cartabones, compases, minas, láminas… Todo ello repartido por la mesa. Y habría un caballete para pintar. Un día lluvioso y tras que nuestros planes se anularan, te pediría dibujarte. Seguro que te sonrojarías y me dirías que no eres digna de ser una modelo, que no tienes cuerpo, que no eres tan guapa. Y yo respondería que eres perfecta. Aunque me conozco perfectamente el mapa de tus gestos, de tus expresiones, de tu piel, te miraría detenidamente y pintaría el que estoy seguro que sería mi mejor cuadro. Pero no te lo regalaría. Me lo quedaría para mí, para colgarlo puede ser en el despacho del trabajo y que así los clientes se maravillaran al ver que tengo la mujer más asombrosa del mundo a mi lado. La luz de tus ojos me acompañaría y me haría más llevaderas las reuniones insufribles con los constructores. Y también pensé en nuestra boda. Tú con un vestido blanco precioso que escogerías con tu madre. El pelo ondulado cayéndote por la espalda te daría un aire adorable. Y al verte del brazo de tu padre me emocionaría. Estarías todavía más radiante que de costumbre y todo el mundo me tendría envidia por tener a mi lado para siempre a la mejor mujer del mundo. Te daría el “sí quiero” mirándote a los ojos y, al finalizar, te daría el beso más largo y más cariñoso de todos cuantos te he dado mientras nuestra familia nos miraría y nos fotografiaría. Al día siguiente, después de haber compartido con ellos la velada de nuestras vidas, partiríamos a un viaje que nos llevaría todo el tiempo que tú quisieras. Egipto, Roma, París, Praga, Venecia, Nueva York, California… y sólo existiríamos tú y yo por aquellas calles desconocidas en las que nada importaría salvo que estoy contigo.
De repente se calló. Parecía como si todavía estuviera en una ensoñación y sus palabras tan sólo fueran un leve esqueje de lo que pasaba por su mente. Era como si realmente hubiera estado viendo aquello pasar ante sus ojos y había conseguido hacérmelo ver a mí. Aquella vida idílica había despertado en mí un cierto sentimiento de ternura que había hecho acallar la rabia y los resquicios de odio que había intentado mantener vivos contra él. Era imposible. No había manera de odiarle sin que alguna de sus palabras rompiera en mil pedazos todo sentimiento negativo.
-¡Estás llorando!- exclamé. Y fue lo único que pude decir durante un rato. ¡Qué estúpido debía de sonar aquello en esos instantes!"
A veces siento que corro a ciegas. A veces es como si estuviera en una carrera de fondo en la que sólo hago que correr y correr y nunca acabo. Y entonces, llega un momento en el que me quedo sin respiración y caigo al suelo. Sigo a ciegas, me levanto, busco una mano amiga y vuelvo a correr.
A veces siento que soy un auténtico y completo desastre. Y no sólo lo pienso. Tengo la certeza absoluta de que soy un desastre monumental. De hecho, lo puedo afirmar de forma científica. Me ocurren las situaciones más inverosímiles, estúpidas y torpes, y comienzo a estar cansada.
A veces me siento prescindible y me entra el miedo. "Eres necesaria, pero no imprescindible", recuerdo que me dijeron una vez. Soy fácilmente reemplazable. Eso es de lo que me he dado cuenta. Es por eso que a veces me sorprende que alguien me diga que soy "especial" para esa persona. A veces alguien me dice que he influído en su vida, que mi sonrisa le animó en tal momento o que uno de aquellos abrazos significó algo. Eso también lo hago sin darme cuenta. Soy muy así. Soy un desastre, una completa contradicción, pero también soy de ese tipo de personas que regalan todo sin darse cuenta y que en ocasiones no regalan nada, pero lo que bien es cierto es que me cuelo en la vida de la gente con una facilidad pasmosa. Es por eso que a veces me entra el pánico y corro, corro lejos. Me da miedo y lo peor de todo es que no sé qué es lo que me asusta. Me da miedo echar raíces y que un día me las corten. Me da miedo que alguien me regale su cariño y por ese motivo, cuando me siento "querida" por alguien nuevo, huyo y rehuyo. Me pregunto el por qué se interesa por mí y desconfío. Me empeño en pensar que no tengo nada que ofrecer para que me quieran. No me valoro. Soy insegura. A veces peco de cobarde y me cuesta quedarme quieta en la vida de esas personas que me quieren. Pero he de reconocer que a pesar de todo sigo ahí. Nunca salgo de sus vidas por completo. Merodeo, me quedo cerca y estoy a una llamada, a un café, a una abrazo. La gente que me conoce sabe que yo soy de todas partes, pero de ninguna. Lo aceptan, lo entienden, me siguen queriendo. Hay gente que no acepta que tenga que respirar de vez en cuando. Y para respirar hay que salir. Es como en las noches de fiesta, cuando te ahoga la aglomeración y el humo y sales fuera para respirar, para coger aire fresco y oír la música desde fuera. Lo reconozco: yo soy de las que ha de salir. Y correr, salir, respirar... me trae problemas en ocasiones. Quizás tenga que echar raíces y comenzar a quererme más a mí misma. Si me quiero más a mí misma puede que deje de replantearme el por qué la gente me quiere.