sábado, 23 de mayo de 2009

En su lucha de ser o no ser, el vencido fue él...

Nunca me he sentido tan estúpida.

De pronto, se ha caído el telón y me he dado cuenta de que mi vida sólo era un teatro. Han quedado al descubierto los actores, las bambalinas, el tramoyista y el cabrón del apuntador. Y mientras veía todo desplomarse me he quedado con la mayor cara de gilipollas que he puesto en mi vida.

Hace unos meses, no demasiados, me creía afortunada. Sí, pensaba que tenía a mi alrededor a la mejor gente. O quizás no fuera la mejor gente, pero era la que me hacía feliz. Yo los adoraba y creía que ellos también me querían. Reconozco que no soy una persona fácil. Que a veces me adentro en mi mundo, me ausento en mí misma y veo fantasmas que retonarnan de mi pasado. Es normal. No hace demasiado que me di cuenta de que la vida es frágil, que la gente desaparece para siempre y a lo largo de estos meses no se me ha ido de la cabeza las imágenes de aquel último adiós. Pero aún así siempre estuve ahí dispuesta a arreglar el mundo sentada frente a un café, a una coca-cola, o un té. Estuve ahí para escuchar, para reír, para ser vete a saber quién.
Creía tener amigos que escuchaban mis divagaciones, que compartían conmigo sus vidas. Creía tener amigos íntimos, esos con los que compartes tus miedos, tus inquietudes, tus planes de futuro, a los que escuchas durante horas hablar de sus cosas y a los que aconsejas con esa incierta sabiduría. Ese tipo de amigos con los que no hace faltar hablar, que al mirarte saben que no luces tu mejor sonrisa y que aceptan y comprenden tus días malos, tus defectos, tus alardes de locura itinerante. Y también creía contar con ese tipo de amigos con los que sales a tomar un quinto en la tasca de siempre, con los que compartes risas y recuerdos, fiestas y un cariño infinito fruto de los años juntos

Pero de pronto todo ha estallado y mi sonrisa se ha tornado más cansada que de costumbre. Ya no merece la pena seguir sonriendo para contentar a nadie ni para que nadie se sienta mejor. Sí, estoy mal, pero ¿y qué? Aquellos amigos que conderaba íntimos se alejan y cuando intento acercarme me destapan el teatro. Todo era por compromiso, por tradición. Nunca me habían dicho tan pocas palabras que me habían dolido tanto. Quedaban conmigo fruto de la tradición de tantos años, por el compromiso de no saber decirme que no me soportaban más. Eso es lo que yo interpreto. Al fin y al cabo las explicaciones han sido más bien escuetas. Después de tantos años todo acaba así, sin más, con dos palabras que se me clavan: tradición y compromiso. Y mi cara de gilipollas apoyada sobre la pared mirando la nada. ¡Con lo largo que había sido aquel día a base de café y té después de las clases para sobrevivir! Pero pensé que el día siempre amanece y acabé resbalando sobre la pared, abrazando la almohada mientras sonaba de fondo a saber qué programa de la tele que ocupara mi mente y que me diera una tregua para no pensar en lo sola que me sentía. Y me dormí y el día amaneció. Algo más frío, algo más gris, pero al fin y al cabo un nuevo día. Me he dado cuenta de que seguirán amaneciendo días en mi vida con más o menos ganas porque todavía quedan muchas cosas por las que luchar. Ya vendrán más gente, más desengaños, más planes, más viajes suicidas al fin del mundo, más amores platónicos que me sonrían por los pasillos... Ya encontraré esa protección que anhelo, ese abrazo protector. Saldré de esta. Voy a salir de esta. Por muy sola que me sienta, por muchas estupideces que vaguen a sus anchas por mi mente, por muchos fantasmas que aparezcan en mi cama por las noches.





Y sí, necesitaba escribir mis divagaciones!

miércoles, 13 de mayo de 2009

Tarde de jueves

Lo he hecho. No ha sido tan difícil. Una tarde cualquier después de clase. Una charla simpática en la que intentaba no parecer estúpida ante un él mientras caminaba sin tener claro el rumbo me he hecho olvidar lo que llevaba tanto tiempo cavilando. Por unos minutos, he dejado de pensar en si esta vez tendría valor para no quedarme en la puerta. Mis pasos me han guiado. Sería imposible olvidar el camino que lleva hasta allí. Lo he recorrido durante años cogida de su mano, de la mano tu madre. Entonces era una niña que, en silencio, se preguntaba qué era aquello que le dolía tanto. Lo he comprendido. Aquel lugar silencioso tiene algo que se te clava dentro como un puñal. He seguido caminando escoltada por las fotografías sonrientes de aquellos que se fueron para siempre. Nunca tantas sonrisas se me antojaron tan tristes. Y al llegar allí, completamente sola, he llorado. En las despedidas eternas es normal llorar. Me he sentido pequeña, aquella enana con coletas que te veía jugar a las cartas, pero me he sentido mayor, más madura, como si hubiese crecido frente a aquel mármol desde el que me miraban fotografías entre las que no me acostumbro que esté la tuya.

-Mi mundo es un desastre desde que te fuiste, ¿lo sabías? Ya no soy la misma. He cambiado.

De repente, mientras te decía aquello, te he comprendido y el rencor que todavía albergaba, se ha disipado. La vida se tornó muerte y tú cambiaste demasiado. Al viento, en silencio, he prometido no cometer tus errores. Finalmente, he rehecho mis pasos optando por el camino largo a casa, dejando que el sol y el viento jugaran con mi pelo, me secaran las lágrimas osadas y me dejaran pensar en lo que me está pasando. He caminado por lugares conocidos que olían a pasado y por los que dejamos nuestras huellas. Pero ya no queda nada de aquellos tiempos. Ya no queda nada de lo que viviste. Y esto no ha solucionado todos mis problemas, pero yo me he quitado una espina que todavía tenía clavada y que hoy, sin saber si por la charla amable del camino, por la lucidez repentina de una tarde sin dolores desesperantes o porque ya estaba preparada, me la he arrancado para siempre.

-Adiós, papá.- he conseguido decir por fin, después de 7 meses de ausencia que he intentado olvidar a golpe de silencio

lunes, 27 de abril de 2009

Encendió un cigarrillo y la luz cálida del mechero iluminó tenuemente su cara dejando entrever por unos segundos el reguero que las lágrimas habían dejado en sus mejillas. En realidad, no le gustaba fumar, pero lo hacía tan por costumbre en las noches de astio que los paquetes de tabaco pasaban por su bolso casi a la misma velocidad que sus amantes fugaces. La primera calada invadió su boca de un sabor nocivo que se mezcló con su aire para llegar a sus pulmones y salir rápidamente perdiéndose en la brisa que acariciaba cada rincón de aquel lugar maldito. Los ecos de la ciudad dormida se perdían entre las calles ya casi vacías que se le antojaron, de repente, frías y lejanas. Los tacones gastados resonaron al mismo ritmo al que ella tarareaba una vieja canción de los ochenta que no recordaba cuándo fue la última vez que escuchó.
Cansada, agotada de luchar, se apoyó contra un frío muro y cerró los ojos. Cuando los abrió de nuevo, vio a su lado una figura hetérea que la miraba con un halo de compasión. Bella y confiada, besó a la chica en la frente, quien la reconoció de inmediato. Ésta hizo lo mismo y dejó los surcos de sus labios impresos en la frente de su aparición con una marca de carmín rojo que brilló iluminando de nuevo el rostro cansado de la chica. La vió desaparecer y llevarse a su paso la luminosidad que sólo ella era capaz de proporcionar. Con una única lágrima despidió a la señorita Ilusión, su ilusión, quien ya bajaba por la calle y se iba haciendo cada vez más pequeña.
Pasó una mano por su pelo, ya enmarañado y despeinado. Pensó que tendría que tener una pinta espantosa, que a esas alturas de la noche (o de la mañana), sus ojeras delataban su deplorable estado anímico y que muy probablemente sus ropas olían a alcohol, a tabaco y a desesperación.
Cuando más vacía se sentía, más triste se hallaba y más desesperación notaba en su pecho, apareció de nuevo una figura etérea. Era bella, pero fría y despiadada. No era su Ilusión que volvía arrepentida a darle una segunda oportunidad, era otra vieja conocida contra la que ya había luchado. No dijo nada. No se presentó a la muchacha, simplemente se dignó a besarla en los labios en un beso sin pasión ni emoción. Después, encendió un cigarro y le dio fuego a la chica para que hiciera lo mismo.

-Ya no eres dueña de sus historias.- le dijo en un tono frío, sin compasión. - Ya no te pertenecen sus vidas. Ni tan siquiera puedes puedes escribir sus destinos en folios; tu inspiración se marchó mientras vomitabas tu orgullo en alguna fiesta y ni tan siquiera te despediste de ella.

La chica tragó saliva, reprimió una lágrima furtiva que le escoció en el corazón y se abrazó a la figura que le hablaba. Ésta la estrechó entre sus brazos y se fundió con ella.

-Bienvenida a mi vida, señora Apatía- murmuró.

miércoles, 1 de abril de 2009

Sirena Varada...


"Pero es que cada gota de lluvia lleva a lomos demasiados recuerdos que, cuando osan acariciar las heridas que todavía no han cicatrizado, escuece. Llovía aquel día en el que me partieron el corazón en mil pedazos y, sentada frente a la ventana hasta que el tiempo dejó de pasar y las horas perdieron su importancia, vi como la lluvia y el viento se llevaban los pedazos de un maltrecho corazón que justo en aquellos momentos y no en otros, dejó de creer en el amor. Y aquel día, mientras mis lágrimas formaban un charcho de tristeza en el que naufragar, me prometí a mi misma sellar para siempre mi corazón si de esta manera nunca nadie me volvía a hacer daño. Las gotas de lluvia sellaron mi pacto y aquella pequeña llave bajo la que esconder mis miedos se la llevó algún pequeño riachuelo de ilusión y de cobardía encubierta. Confié en que quizás algún día la trajera de vuelta un pequeño barco de papel que atracara en un puerto seguro, sin miedos oscuros, sin lágrimas de media noche. Pero los barcos de papel se rompen, se deshacen y desaparecen como las promesas que se formulan al viento. Aquel barco de papel con el billete de vuelta se ha perdido en la corriente de alguna tormenta y ha encallado en el vaso de ron de algún pirata o marinero que se tragó la llave e hizo llorar a esta pequeña sirena. Pero los marineros tienen a mil sirenas suspirando en cada puerto y la sirena que esconde su corazón en barcos de papel siempre huye sin saber si la invitaran a otro ron. Al fin y al cabo hay sirenas que se olvidaron de nadar mucho antes de aprender. Y yo me olvidé de nadar el día en el que dejé de creer en el amor, el día en el que la vida me demostró que los príncipes azules se van en el momento en el que hace falta que te envuelvan con su capa.

Pero la lluvia ha sido mi aliada cuando la he necesitado, cuando he creído que un momento así no se podría concebir sin ella, sin esa melancolía opaca que te envuelve el corazón sin necesidad de una excusa. Por eso salí a la lluvia el día en el que la vida dejó más desamparada que nunca, cuando sentí que se me había quebrado el corazón y sólo me quedó sentarme en el banco de piedra blanco resguardado por un porche a ver pasar las horas teñidas de dolor. La lluvia trajo consigo la fuerza del cariño, la fuerza que te arrastra a ponerte en pie incluso cuando se te ha olvidado cómo late el corazón, cuando has conocido a la muerte y la has mirado a los ojos suplicándole un único día más.

Pero los días de lluvia, a parte de los recuerdos, traen consigo esa extraña inspiración para un alma romántica que nunca es leída. La lluvia cae y tiñe los días de ápices tristes que yo convierto en historias, historias olvidadas que nunca ven la luz del sol, que viven en las nubes negras y en el alma de una pequeña sirena que hace con ellas barcos de papel en los que esconder su corazón.”

domingo, 29 de marzo de 2009

Lo vio allí, apoyado en el marco de la puerta con su sonrisa por bandera. Quizás no era considerada la sonrisa más bonita del lugar, pero tenía la asombrosa propiedad de dejarla sin habla. Después de verla, de verlo a él, sentía como su corazón se iba acelerando y como le faltaba la respiración. Era asombroso. Después de cruzar la mirada con él, parecía como si hubiera estado corriendo, como si acabara de finalizar una carrera de fondo que parecía no haber tenido final. Luego llegaba el momento de sentirse estúpida, de sentirse atada a una ilusión inalcanzable, de soñar con unos labios que le quedaban lejos, de quedarse sin habla cuando él le decía algo, de sonreírle y mirarle embobada cuando se lo cruzaba. No podía ser amor, pero se trataba de esa ilusión , de ese juego, de ese momento en el que él se te mete en la cabeza y pone tu mundo patas arriba, de esa química que estalla dentro de tí, de cada escalofrío por tenerlo cerca, de cada sensación de miedo que sientes cuando piensas en el futuro y sabes lo difícil que será verle dentro de unos meses.
Pero ahogó todas las voces que se empeñaban en hablarle a gritos. Quería simplemente disfrutar de su momento, de sus sueños y le preocupaba tener a un él cerca porque lo había pasado mal antes y sus potecciones se quebraban en mil y un pedazos cuando aparecía alguien capaz de hacerla sonreír. Era débil y se dejaba llevar demasiado por los impulsos de un irrefrenable corazón que latía a mil por hora sólo al pensar en el chico de los lunares irresistibles. Lucharía en contra de sus sentimientos si hacía falta sólo por no sufrir ante algo que por lo que no tenía posibilidades. Se sellaría para que no le diera un vuelco el corazón al verlo apoyado en el marco de la puerta, se blindaría con todas sus armas y se alejaría el día de la despedida para que nadie la viera llorar.

domingo, 22 de marzo de 2009

La chica del vestido azul

Quién te dio el lunar que hizo retirarse al mar y que es la luz de la ventana abierta a la verdad. Hoy te vuelvo a ver. Hoy te vuelvo a ver. Tú sigues siendo el recuerdo aquel que una vez bailó conmigo un rato y se fue.

LODVG- La chica del gorro azul








Las luces. El humo. El sudor. La respiración agitada. El frío del hielo de la copa que se acaba de caer. La canción que tarareáis al unísono mirándoos a los ojos, sonriéndoos mientras que bebéis de la copa del otro. El aliento sobre tu rostro que huele a alcohol. El ron. El vodka. La cerveza de la marca roja. Los abrazos que nacen de ese sentimiento de repentina amistad. Los sentimientos que se magnifican. El no ver nada más allá de lo que tienes enfrente. Los mareos. Los bailes con él, sin él, con cualquiera que se te ponga delante. Las sonrisas que no sabes a quien van dirigidas. Los cigarros que te tiran al suelo porque no les gusta que fumes... Y entre todo, él, que baila contigo, que te apaga los cigarros, que te habla al oído, que te mira a los ojos, que te invita a una copa, que te envuelve con su charla, que te cuída, que, sin saber por qué, se ha aprendido tu nombre y lo repite, que te escucha y te ofrece su ayuda... y que se cuela en tu vida aún cuando eres consciente de que sólo es porque ha bebido demasiado.

jueves, 5 de febrero de 2009


"No se atrevió a mirarla. Le daba miedo porque sentía que si la miraba ,ella, se quebraría en mil pedazos tal y como ocurría siempre. Pero su espejismo, esta vez, era real. Y el silencio opaco y tranquilo fue dilucidando hasta converitirse en una suave almohada donde reposar sus miedos. El viaje no iba a ser eterno. El tren tenía un destino marcado, destino que repetía días tras día, y ambos eran conscientes de que cuando la sirena del tren anunciara el final del trayecto, la magia se rompería en mil pedazos silenciosos que no sabían si podrían recoger. Pero él, el chico de los ojos marrones y la sonrisa indescifrable, estaba dispuesto a lanzarse a un océano enfurecido, como era el pecho de ella, sólo por verla abandonar sus fantasmas durante unos segundos. Y ella, experta en las lágrimas de media noche, sentía que él era el refugio que tanto ansíaba. Además, sin saberlo, estaba enamorada de aquellos ojos penetrantes y de aquel aroma cautivador que le prometía seguir a su lado todos los días de su incierta vida."

sábado, 17 de enero de 2009

Vuelo para quedarme??

Necesitaba darme un tiempo a mí misma y volver cuando estuviera preparada para continuar con mi vida. En realidad, nunca la he detenido por completo, pero sí que es verdad que he dejado algunas partes relegadas hasta que tuviera fuerzas para abarcarlo todo de nuevo.

Quizás, algunos que paséis por aquí nos os explicáis qué me ha pasado para que me tuviera que tomar un respiro: es algo tan sencillo como la pérdida de un ser querido. Han sido 3 meses duros, de fantasmas revoloteando, de heridas que no paraban de sangrar, de amigos que han intentado robarme sonrisas hasta dejarse la piel, de lágrimas que son sólo mías y de un vacío en el pecho que todavía conservo y que sé que me acompañará toda la vida. Ha sido duro y difícil, pero sin duda he crecido como persona y esta situación tan adversa me ha demostrado que tengo un elenco tremendo de personas que me he ido ganando a fuerza del tiempo.

No puedo decir que lo haya superado. Hace poco caía en mis manos, como si se tratara de una señal casi divina, un artículo cuyo tema era el proceso de duelo. Al leerlo, me di cuenta de que no es tan extraño todo lo que siento, sino que se trata de un proceso gradual que culminará cuando yo esté preparada. Sea como sea. aquí estoy, vuelvo y espero que esta vez se para quedarme.


Muchos besos!

viernes, 26 de diciembre de 2008

Y si el miedo...

"Tan difíicl como hacer fuego sólo con los ojos es burlarse del destino. Cuando menos te lo esperas suelta un golpe y te demuestra quien es el que manda aquí."

martes, 2 de septiembre de 2008

En fin, por aquí ya no pasa nadie...

Simplemente creo que no tengo talento para cumplir mis sueños. No veo mi futuro y mi pasado queda difuso. No sé hacia dónde voy ni qué esperan de mí. Estoy cansada de cometer errores y me planteo seriamente por qué hay gente que sigue a mi lado. A veces me miro al espejo y no me reconozco. Cómo soy? Soy como me veo o tengo una cara oculta? Río con amargura cuando me da por pensar que mi futuro quizás no llegue a ser como me lo imagino. Cómo me lo imagino? A veces lo imagino brillante, con sueños cumplidos, con besos y caricias cómplices, con todo aquello que fui soñando durante años. Otras veces,las que más, me lo imagino negro y fustrado. Sola. La soledad nos asusta a todos y no concibo un futuro sin ella. Carezco de cualidades en todos los sentidos y me aterra pensar que esas falta de cualidades alejará a todos de mí. Río. Lloro. La oscuridad me aterra porque con ella viene el silencio y eso todavía me aterra más. Es algo tan simple como quedarme a solas con mis pensamientos que van y vienen y me muestran que no sé hacia dónde voy y que tengo una colección de miedos y tormentos mayores que la oscuridad. A veces, simplemente pienso que no tengo derecho a nada y mucho menos a enamorarme. Me siento estúpida, pero quizás mañana vuelva a sonreír.






Aquella noche me inspiraste...


Sophie se dio cuenta de que él tenía una gran influencia. En el tiempo en el que estuvieron allí sentados, multitud de personas se habían acercado a saludarle, a preguntarle por sus padres, por su vida, por su futuro. La gente lo miraba con respeto y ella se sintió intimidada. Fue por eso que apuró pronto su cerveza y le pidió ir a un sitio más tranquilo. Él la miró con intensidad, envolviéndola con sus ojos claros en la atracción y magia que sólo él poseía, y le tendió la mano. [i]"Y si vamos a un lugar donde seamos desconocidos?"[/i] Ella alzó una ceja, confusa, pero posó su mano derecha encima de la del joven y se dejó conducir donde él la llevase. Pagaron al camarero y se aparecieron junto al Támesis, en mitad de un puente. La luna comenzaba a reflejarse sobre las aguas tranquilas del río que dividía la ciudad. De pronto, tan sólo eran turistas mezclados entre la multitud. Sin presiones, sin gente que los parara... sólo estaban ellos dos y aquella sería su noche. Al amanecer, con los primeros rayos de sol, ya decidirían cuál sería su suerte, si es que continuaban juntos.
Y después de pasar un rato abrazados en mitad del puente, dejando que el frío viento jugara con sus cabellos y les recordara que todavía seguían vivos, marcharon a un lugar donde la penumbra les diese la intimidad que andaban buscando. Fue entonces cuando él la besó por primera vez, bajo la lluvia fina y persistente que marcaría aquel opaco día. Y fue entonces cuando ella se dejó llevar y olvidó el peso de los apellidos y el qué pasaría mañana. Bajo aquella luna brillante y casi oculta, tan sólo existían aquellos dos jóvenes que tan sólo eran eso: jóvenes que experimentaban con aquel juego de seducción, de besos y caricias. Lo malo era que Sophie era la única que se entregaba a los latidos de su corazón. Él tan sólo se entregaba a la pasión, sabiendo que, como con otras, cuando el amanecer llegara y la arrancara de sus brazos, el juego habría terminado. En aquella ocasión, él podía sentir algo más, pero sus sentimientos se callaron cuando ella le contó la verdad.

sábado, 19 de julio de 2008

O estoy soñando o hay nieve en la ventana...

Los tacones resonaban en las calles donde los coches apenas pasaban. Un mapa en una mano y un cigarro en la otra. "Donde estamos?"- se oía respirar. Comenzaba a oscurecer y las prisas se hacían presentes: "crees que llegaremos?" "Sí, mujer, claro." Una caminata por las calles con la ilusión por bandera y al fin, las luces de neón nos dieron la bienvenida. "Núria? por fin! Me alegro de conocerte! Todavía no han abierto?" y una dulce espera que se alargó más de lo previsto, pero que, en tan buena compañía, se pasó bien. Al final, y tras un rato, se oyó el ruido de la persiana subiéndose y entramos. Un ligero frescor nos dio la bienvenida. La sala todavía estaba vacía y se apoderó de nosotras esa sensación de confusión y de inminencia que precede a los grandes momentos. De pronto, cruzó la sala y enmudecí por unos instantes. Lo seguí con la mirada y comencé a darme cuenta de que aquello significaba tener cerca a alguien que, desde que lo descubrí meses atrás, se había convertido, sin saberlo, en alguien especial que era capaz de ponerle la banda sonora a mi vida con esa voz desgarrada y tan poco conocida. Me emocioné sin darme cuenta, pero con esa emoción que te invade el cuerpo y te hace estremecer bajo la apariencia de un sereno nerviosismo. Apoyado sobre la barra, mi mirada se desviaba sin pretenderlo en dirección a él. Simple curiosidad mezclada con la expectación más absoluta y una profunda admiración cariñosa. En alguna ocasión, mi mirada se cruzó con la suya y me pareció que había una barrera invisible tras la cual se hallaba una persona que era mucho más que una voz. El pequeño escenario se iluminó tenuemente tras una larga espera para presagiar que, en breves instantes, aparecería él junto a los chicos. Un fuerte aplauso y por fin subió el único escalón que le alzaba a una pequeña tarima que le haría de escenario. Una botella de agua y wishky para compesar descansaban sobre un altavoz. Las primeras palabras que le servían de carta de presentación antes de una brillante interpretación sirvieron como pistoletazo de salida. "A oscuras me parece un buen momento para reconocer que la foto de mi alma es trucada.." Un paseo por las letras que, inocentemente y sin pretenderlo, me transportaban a un viaje de recuerdos y de caras que se materializaban más allá. Anécdotas, cuerdas que se rompían a mitad de una canción, "turcas"... me dio la sensación de tratarse del concierto de un colega que se pone delante del grupo y empieza a tocar entre bromas, buen rollo, risas, copas y cigarros. Un colega al que si le apetece, se enciende un pitillo mientras te toca la canción que le has pedido. Entonces, tú también te enciendes un cigarro mientras sigues en tu taburete y te levantas de pronto impulsada por esa emoción contenida. Me encantó la manera en que lo ví. Me gustó verle emocionado y sorprendido. Me encantó tenerle justo enfrente y que en alguna ocasión me mirara y sonriera. Era como si subido a ese escenario, la barrera invisible se hubiera desvanecido.



Luego, me parecía increíble el momento en el que se bajó del escenario después de los bises, las últimas canciones que siempre le hacían volver al escenario hasta que los dueños del garito lo tiraron, y se mezcló entre la gente. En esos momentos bebió del cariño de la gente que lo buscaba y le pedía firmas y fotos. Se sentía bien y se notaba. Yo asistía al espectáculo como en una pequeña nube que había esperado mucho tiempo para vivir aquel momento. De pronto se quedó solo y giró la cabeza hacia mí. Me miró. Lo miré. Yo llevaba su disco y un permanente en la mano y supuso lo que quería. Yo realmente esperaba a que Núria saliera del baño para hacerla partícipe también de ese momento, pero cuando él se me quedó mirando, me ví empujada a saludarle. Al final se acercó a mí. Dos besos. Una pequeña charla, dedicatoria, firma, charla y un nos vemos! "Jéssy", "pero eres de Valencia? joé! qué ilusión!" Y de la misma manera asistí mientras esperaba a ese momento que vivieron otros. Al final, la última foto con él, pero esta vez con mis acompañantes, las mejores para una noche como ésa. Luego charlas, fotos y firmas con Santi y Berenguer. Súper majos y encantadores que sólo hicieron que contribuir a hacer la noche más perfecta. Me encantó Berenguer, tan cercano, hablado con él en catalán-valenciano (él en catalán, yo en valenciano), tocándole el pelo y proponiendo que le dedicaran a Núria el disco o que la invitaran a cenar xD. Y para acabar, charla más tranquila con Rafa. "El otro día, en Madrid, yo era una de esas que te estaba viendo por internet y a las que saludaste, ya que decías que no sabías si alguien te estaba viendo". Ey! que no me lo creía, pero yo estaba allí, a su lado, y se despidió de nosotras. "ya os váis? Bueno pues nos vemos en Vivaldi y espero verte en el próximo en Valencia. Yo también me voy a ver si descanso un poco" Y así, con un par de besos y un "hasta pronto" nos despedimos de él, como de un colega del que te despides cuando se ha acacado el pitillo y se larga tras un rato a echar la siesta.




Me gusta esto. Me gusta al punto al que estoy llevando mi vida en estos momentos respecto a estos temas: hacer lo que me apetece, acercarme a quien yo quiero y no permitir que sea al revés.










Besos!













Jéssy*

sábado, 28 de junio de 2008

Qué caro es el tiempo...


He puesto punto y final a una etapa, la más larga de mi vida. Vale que mi vida no es que sea excesivamente larga, que todavía no he llegado a la veintena y que el camino, si Dios quiere, es largo. Conforme me encuentro anclada en esta edad algo incierta pienso en que quiero (necesito) crecer, enfrentarme a nuevos retos, huír de los fantasmas de una vida que me podía haber tratado mejor. Las despedidas siempre son duras y las maquillamos bajo un "hasta luego", porque así parece que duelen menos, pero duelen de la misma manera. Me ha tocado despedirme de una parte de mí que durante algo más de 13 años ha vivido día a día a mi lado. A veces he deseado huir de ahí porque todo se me antojaba asfixiante y creía que no podría respirar, pero una vez pasadas esas épocas de crisis, siempre me he sentido como en casa. Llegué siendo una enana que a penas hablaba y que ya mostraba su interés por las letras copiando todo lo que se le pusiera a tiro (era la atracción de mi familia que me ponía frases para copiar en cualquier folio). Allí conocí a gente asombrosa que me ha brindado siempre todo su cariño. Los recuerdos de los primeros años son escasos, pero sé que me han marcado profundamente. Aquellos primeros juegos, las siestas, las canciones, los primeros contactos con esas personas que años después llamo amigos. Luego llegó un nuevo pasillo. Otra vez la sensación de sentirse mayor siendo una niña muy pequeña. Nuevos profesores que nos miraban con un cariño infinito y que nos explicaban tantas y tantas cosas que nos quedaban desconocidas. Las pequeñas travesuras, las charlas que entonces no entendíamos pero que ahora valoramos y comprendemos, los juegos mezclados con las nuevas obligaciones, el ir despuntando en diversas áreas que luego nos marcarían... Parece que queda un poco lejano, pero en realidad hace 10 años que llegamos al pasillo "de primaria". 10 añazos. Creo que en esa época la figura que se impuso por encima del resto fue José Antonio. Ese hombre con camisa y barba que destacaba por sus chascarrillos, su carácter autoritario pero cariñoso, sus castigos por no hacer el deber o estudiar inglés, las primeras lecciones de sintáxis... fue el hombre que me hizo aprender la definición de la palabra tabú porque no la busqué en el diccionario aquel día (la defición exacta de la palabra en el diccionario que usábamos en aquella época es : lo que no debe de ser nombrado ni mencionado debido a prejuicios o convenciones sociales xD)

6 años depués tocó volver a cambiarse de pasillo, subir por una escalera nueva, ver a los profesores de primaria y saludarlos sin ser alumnos suyos ya. Llegamos sintiéndonos mayores, sabiendo que el final tampoco estaba tan lejano. Nuevas obligaciones, clases distintas, compañeros que se quedaban por el camino, restructuración de amigos, amoríos, profesores nuevos. Han sido 4 últimos años alucinantes. Me lo he pasado en grande y he crecido como persona. La madurez ha hecho acto de presencia. Dejamos de evitar el roce físico y nos decantamos por los besos y los abrazos para solucionar los díaas malos. Comenzaron a aparecer los sueños, los planes, las preferencias... y hemos acabado como somos. En esta época me ha tocado vivir muchas cosas y estoy orgullosa de poder decir que he contado siempre con los mejores apoyos fuera cual fuera el problema. Amigos de verdad, profesores que han sido más que eso, hermanas que siempre han tenido una cálida sonrisa...En esta época me ha tocado refugiarme muchas veces en esa gente y nunca me han fallado.

Por eso me da tanta pena saber que no voy a tener más abrazos de esa gente, que se ha acabado eso de montar una tertulia en clase, escaparse por esos pequeños pasillos con alguna excusa, hablar y reír en clase con los profesores como promotores del cachondeo.. que se ha acabado refugiarme los días malos en ese rincón y llorar porque el mundo es injusto y no me deja respirar para que él venga y me anime, me de una charla y se quede en blanco diciéndome que me merezco tener suerte.

Por eso, estos días, las lágrimas se han apoderado de todos nosotros y nos hemos fundido en miles de abrazos y besos, fuera cual fuera nuestra condición dentro del centro. Intercambio de teléfonos, promesas (tengo que volver con un libro en cuya portada figure mi nombre, no? xD), planes, sueños y tristeza. El adiios, o mejor hasta luego!, a una etapa que nos ha marcado irremediablemente para siempre y que es la culpable de que hayamos llegado a ser como somos. Os echaré mucho de menos. Lo sé. Os recordaré siempre. Gracias mil gracias muchísimas gracias!




besooooos!!!!





jesS

jueves, 19 de junio de 2008

Una vida que espero que pronto vuelva a la normalidad...

Suena el despertador. Te has acostumbrado a él y ya no lo odias, simplemente te limitas a apagarlo y a darte media vuelta consciente de que la ducha te espera y que lo que no hiciste anoche sigue en su sitio. Ya no hay una voz que te grita mientras te prepara el desayuno y hueles a café recién hecho: "Jesiiiiiiittttaaaaa, vas a llegar tarde a clase!!! Venga, cariño, date prisa que te cuesta!" Ahora saltas de la cama. No bajaste las persianas la noche anterior para que el sol te ayudara a despejarte. Esa no es tu habitación pero ella se empeña en que duermas allí y cierres el pestillo. La cama es más ancha, la habitación es más grande, más fría y cuenta con un baño que ya has hecho tuyo. Enciences el calentador mientras que sacas la leche de la nevera, la metes en el microondas con tu taza y te vas a la ducha. Los ojos todavía luchan por despegarse y, como puedes, te desnudas con el frío en el cuerpo. El agua caliente tarda un poco y maldices por lo bajito que el otro baño se haya estropeado. Puede que ya estemos en verano, pero las mañanas siguen siendo frías y no perdonas el agua caliente. Comienzan las prisas: el cola-cao que todavía quema, sécate el pelo, haz el almuerzo (si es que ayer te acordaste de comprar pan), lávate los dientes, coge la mochila y corre hacie el cole. Allí empieza tu refugio. Has aprendido a valorar mucho más a esas cuatro paredes, a esas 19 personas que andan contigo y a los profesores que desde que se enteraron se han desvivido por hacerte las cosas más agradables, a veces, demasiado. Durante 1 año y medio fuiste la chica de siempre. Intentaste llevar todo con la mejor de tus sonrisas, con la participación y el entusiasmo de siempre. Intentaste ser la alumna "perfecta" que siempre habían visto en tí, aunque bajaste tu rendimiento y con ello, tus notas temblaron desde su brillantez, hacia algún punto de menos. Pero en ese tiempo te refugiabas de la tormenta porque sabías que sólo conocían la situación tus amigos, y de ellos, un par eran las que lo sabían todo (o casi). Supones que por eso, cuando todo empeoró y te viste más frágil que nunca, estar allí donde nadie te preguntaba ni te compadecía, te reconfortada. Y por eso cuando la noticia se corrió entre los profesores a causa de un momento de debilidad y confianza en uno de ellos, te sentiste vencida por la situación. Notaste enseguida la compasión, las miradas de pena, las palmaditas en la espalda que siempre quisiste evitar, algún abrazo, alguna excusa y algún consejo tonto que no querías escuchar. Te sentiste por unos días la persona señalada, esa de la que todo el mundo pensaba que era muy fuerte. Intentabas no derrumbarte cuando te preguntaban por él y por su salud y desempolvabas alguna de tus contestaciones típicas: "ahí vamos, a ver si pronto le dan el alta.... Está bien, dentro de lo que cabe, mejor...." Pero tus padres siempre dicen que te debes de sentir orgullosa porque no todo el mundo encuentra en su colegio a personas que le quieren tanto y que se preocupan por tu situación más allá de las notas. En el fondo, sabes que tienen razón y te sientes afortunada. Tu refugio tambalea, pero sigue siendo tu refugio, donde puedes coger aire antes de zambullirte de nuevo.
Pasas allí las horas entre clases, entre risas, apuntes, algún abrazo... Luego, rehaces el camino de vuelta y llegas. No hay nadie que te responda a un : "ya estoy en casa". No está él con la tele encendida, esperando a que le des el correo o la propaganda, esperando que le preguntes qué tal o si necesita que le acerques algún medicamento. No viene ella para que le des un beso (o te muerda porque dice que tienes unas mejillas que dan ganas de morder). No hay nadie que te pregunte qué tal el día y que sepas que te escucha, que le guste que le cuentes tonterías sobre si tengo tal examen, ha sacado tal nota, éste se ha caído o me han dicho que... No huele a comida recién hecha. Dejas los trastos y vas a la nevera. No sabes que hacer de comer. Tampoco es que tengas un gran repertorio culinario y los congelados que hiciste ayer te sentaron mal. Quizás hoy optes por una pizza. Debe de hacer como 3 días que no comes pizza, no? Mientras, fregas los cacharros que se han ido acumulando. Te sientes satisfecha por ver todo limpio y perfecto. La paliza de ayer tuvo algún efecto y hoy, a la luz del día, se nota más tu esfuerzo con el trapo y el mocho. Comes y sin querer, te acabas durmiendo en el sofá. Te acuestas tarde todos los días entre unas cosas y otras y el cansancio te pasa factura aunque no quieras. Te suele despertar la melodía de tu móvil. Suele ser ella. Te llama y habláis unos minutos, como si eso fuera suficiente. La conversación siempre sigue los mismos patrones: te pregunta qué tal el día, qué planes tienes para hoy, deja que le cuentes alguna tontería (los primeros días le contabas más, pero ahora sólo le cuentas alguna cosa que te hace ilusión), te pide-recuerda algún favor que quiere que hagas; tú le preguntas qué tal está, cómo está él, que le han dicho los médicos y cuándo volverán. Ella te contesta con dulzura y rapidez, te dice que sigas con tu vida y con tus planes, que salgas más. Te dice que te quiere y por último, siempre te repite que no le hace gracia que estés sola, pero que ya que es así que cierres la puerta con llave y con todos los pestillos, que no le abras a nadie y que por favor, tengas mucho cuidado. Tú la llamas pesada, le contestas que también la quieres que le de muchos besos a él. A veces se le oye a él por detrás tan gruñón como siempre. Te sorprendes sonriendo, echando de menos su pesimismo, pensando que ni aún postrado en una cama ha perdido su mala leche. Cuelgas y vuelves a sentirte sola. Comienzas tus quéhaceres diarios de clase mientras piensas en lo poco que te queda en tu refugio. Cuando a penas te has dado cuenta, debes de poner una lavadora, recogerla o hacer la cena. Te sientes muy cansada cuando comienza a anochecer y , con la luz encencida para no dormirte, te pones a ver la tele y enciendes el vídeo para grabar la serie de turno: en el hospital la tele sólo está hasta las 12. Cuando termina o el cansancio te vence, bajas las persianas del comedor, apagas bien todo y te marchas a la cama de la habitación grande sin nadie que te haya deseado "Bona nit, pequeña!" Desde allí comienzas a repasar a ver si has cerrado la puerta con llave, has apagado bien el gas, has hecho las tareas del día siguiente; a ver si has puesto el despertador, si has... y poco a poco el sueño te ha vencido y tu mente anda cabalgando por el mundo de los sueños. Unas horas después, el despetador volverá a sonar y la rutina comenzará de nuevo. Otra vez la ducha, la taza demasiado caliente, la mochila... otra vez se repiten las mismas acciones que llevas un mes haciendo. Los silencios siguen pesando. Te has ido acostumbrando a la soledad que te has impuesto.
Podrías estar con algún familiar pero la independencia siempre fue tu plato preferido y has decidido quedarte en tu casa, seguir tus horarios, atender el teléfono.... sentirte a gusto entre tus paredes. Tus amigos a veces no entienden que decidas quedarte en casa para poner una lavadora, que tengas que hacer la cena... a veces bromean diciendo que en este mes te has empezado a parecer a sus madres. A veces te da mucha rabia porque sabes que ellos no te entienden, que te recriminan el que hayaas cambiado. Te jode que ellos no entiendan que hayas cambiado, que sin pretenderlo, hayas madurado. Te ha tocado crecer de golpe, ponerte el mundo por sombrero y hacerte cargo de algo que no te corresponde. Todavía eres una niña, joder. La gente te dice que eres fuerte, pero tú sabes que simplemente estás viviendo la vida que te ha tocado, te estás enfrentando a los obstáculos que se ta van planteando. A veces es tal la presión que sientes sobre tus hombros que te acabas sintiendo vencida y lloras hasta que no puedes más, hasta que tus ojos se secan. A veces acudes al refugio que tienes en tu refugio y allí lloras sabiendo que hay alguien delante. Te reconforta su experiencia, agradeces sus palabras y sientes un infinito cariño y agradecimiento cuando ves que también se emociona aunque se contiene contigo y con tu historia. Te dice lo que ve en realidad, te da consejos y te dice cosas que quizás otro "amigo" no se ha atrevido a decirte. Lo echarás de menos dentro de unos días, cuando te despidas hasta que vuestros caminos os vuelvan a unir.

Deseas con todas tus fuerzas que todo vuelva a la normalidad, que dentro de muy poco la casa se vuelva a llenar y que te dejes de sentir sola. En cierta manera te de miedo porque sabes que de alguna forma, cada día que pasa es uno menos en una cruel cuenta atrás que lo irá apagando hasta que ese cruel y feo mounstro se le lleve para siempre de tu lado y tan sólo te deje recuerdos.

Tu vida, ni más ni menos.


Dioooooos! necesitaba escribirlo, desahogarme. Si alguien se lo ha leído entero, gracias mil gracias por el enorme sacrificio que ha supuesto. Un besazoooooo enooooorme!



Un abrazo



jesS

miércoles, 11 de junio de 2008

Gríta fuerte qué esperas de mí, grítame qué esperas de mí. Ahora que estoy sentado y sin reír qué esperas de mí. (Vidas-Revolver)



Sí, he fallado en mi promesa de actualizar una vez al mes como mínimo, pero he tenido ciertos problemas técnicos que me han obligado a dejar a un lado el ordenador. Pero vuelvo. He vuelto a este pequeño lugar con energías renovadas, o por lo menos con algún tipo de energía.



Siempre lo digo, pero entre entrada y entrada de este blog pasa demasiado tiempo. A simple vista parece que un mes o un mes y medio tampoco es tanto, pero cuando te pones a repasar todo lo que has vivido, las sensaciones, risas, lágrimas, sentimientos... te das cuenta de que un mes es muucho tiempo. Tu vida puede cambiar en un sólo segundo, en un sólo instante que es capaz de cambiar el curso de los acontecimientos que te acompañarán toda una vida. Es tan curioso comprobar como cada día que pasa es un día que perdemos y que es irrepetible. Olores, sabores, caricias, sentimientos,miradas, risas, llantos, besos, abrazos... Es tan curiososo comprobar como los sueños no se hacen realidad pero los seguimos manteniendo en nuestra cabeza. Parecen tan reales que nos jode pensar que nunca los llegaremos a vivir.

martes, 15 de abril de 2008

Son sueños que nunca se cumplen...

"Dormía plácidamente. Ya había amanecido y unos rayos de sol se colaban por la ventana iluminando levemente la desordenada estancia. Creí haber despertado por unos instantes cuando ví emerger una figura cruzando el humbral de la puerta. La figura me resultaba familiar, pero me sorprendió verle frente a mí, sonriéndome. Incluso creí escuchar su voz saludando mientras le devolvía la sonrisa. Nos miramos y no mediamos más palabras que la de los gestos y las miradas. Él recorrió el poco más de un metro que le separaba de mi cama y de mí. Primero se sentó en un lado, mirádome a la cara, esperando que fuera yo la que diera el siguiente paso. Sabía lo que él quería, conocía el mapa de sus insinuaciones y era un momento que ya habíamos imaginado ambos. Me hice a un lado, pegando por completo a la pared mi espalda y aparté el edredón invitándole a que entrara. Hizo un poco más amplia su sonrisa y yo sentí un ligero rubor. Él sabía lo que yo estaba esperando perfectamente, pero quiso alargar el momento. Por fin deshizo los centímetros que salvaban nuestras bocas y se fue acercando lentamente. Cerré los ojos y me abandoné al laberinto de sensaciones y experiencias que supone en pimer beso con una nueva persona. Roce y caricias. El sabor de sus besos se me antojaba misterioso, cargado de dulzura y de amor, lejos de los besos que sólo esconden la pasión húmeda de un momento que no espera una segunda vez.
Al final se metió en el hueco que le había rerservado junto a mí y me miró a los ojos. Fue una dulce sensación. Me apartó el pelo de la cara y me acarició de nuevo. Un último beso, un largo abrazo y desperté."


A menudo los sueños nos juegan malas pasadas. El subconsciente se empeña en recordarnos aquello que jamás podremos poseer y se burla de nosotros con su arma más poderosa. Por unos instantes nos deja jugar con lo que siempre deseamos para arrebatárnoslo a la llegada del alba. Otras veces se empeña en sacar a la luz aquello que queremos esconder bajo mil capas, aquello que creíamos olvidado o que simplemente no nos apatece reconocer. Nadie sabe lo que soñamos y no nos pueden juzgar por nuestros sueños. Nadie sabe por qué nuestro subconsciente habla así con nosotros y qué es exactamente lo que nos quiere decir en esas charlas. Todos los días viene a hablar con nosotros cuando más vulnerables nos encontramos. A veces le damos la importancia suficiente a esas charlas y a la siguiente mañana tenemos imágenes nítidas que nos hacen replantearnos el contenido; otras, sin embargo, vivimos las charlas como un momento más que acontece cada noche, algo rutinario y reparador que termina con el sonido del despertador.
Sueños... me gustan cuando los puedo tocar con la punta de los dedos y sentir las caricias. Los odio cuando me doy cuenta de que todo se ha desvanecido en cuanto he abierto los ojos. Me intrigan cuando aparece gente que dejé atrás, que no veo o que tengo frente a mí todos los días en un rol diferente y en un escenario que a veces roza lo subrealista. Supongo que es nuestro espacio íntimo durante unas horas. No podemos evitar hacerlo así que ¿por qué no aprovechamos momentos como el que nos proponen y los intentamos hacer realidad, aunque al abrir los ojos nos duelan? Al fin y al cabo no podemos evitarlos.